Laboratorio de concientización · Netblue
Un ataque de denegación de servicio satura un servidor con más peticiones de las que puede atender, dejando fuera a los usuarios legítimos. En DoS el tráfico sale de una sola fuente; en DDoS sale de una botnet distribuida. Ajusta los controles y observa cómo cae —y se recupera— la disponibilidad.
La diferencia está en el origen del tráfico, y eso cambia radicalmente cómo se defiende cada uno.
Una sola máquina o conexión genera el flujo. Es más fácil de identificar y bloquear: basta con filtrar esa IP o cerrar ese patrón de tráfico.
Miles de dispositivos comprometidos (una botnet) atacan a la vez desde IPs distintas en todo el mundo. Bloquear una no sirve de nada; hace falta mitigación a escala de red.
Servicios como Cloudflare o AWS Shield absorben y filtran el tráfico malicioso antes de que llegue al origen, dejando pasar solo lo legítimo.
Limitar peticiones por IP y por segundo frena los floods básicos y protege endpoints costosos de abusos.
Un Web Application Firewall bloquea patrones de ataque conocidos (L7) y distingue bots de usuarios reales mediante retos y reputación.
Distribuir el servicio en muchos nodos reparte la carga geográficamente, de modo que ninguna ubicación recibe todo el golpe.
El proveedor puede desviar o descartar el tráfico hacia la IP atacada para proteger el resto de la red durante el pico.
Tener runbook, contactos del ISP y umbrales de alerta definidos reduce el tiempo de reacción de horas a minutos.
Simulación conceptual con fines de concientización. Los números (req/s, capacidad) son ilustrativos y no representan un sistema real; la página no genera tráfico de red hacia ningún destino.